LA RAÍZ DEL MIEDO
Fotos de Raphael Salazar
Bilis negra, Bargados / Saban / Falcone (Argentina) / 23 de septiembre de 2026, Teatro Ateneo, Ciudad del Saber
Dirigida por Falcone y Bargados, con edición musical de Jiva Velázquez, producción audiovisual de Daniela Escolar, y un diseño de iluminación de Sebastián Viola y Luis Casella, esta obra nos lleva a cuestionar qué es realidad, qué es alucinación, qué es recuerdo, qué es añoranza.
Por Esther Arjona
Una mujer llega a casa, luce el cansancio del día. Entra con cautela. Se descalza, pone los pies en el piso y de a poco esas preocupaciones que pareciese tener desaparecen y se deja llevar por recuerdos. Y son recuerdos felices. De pasos cortos y movimientos bruscos, pasa a moverse con fluidez, y la música se convierte en un vals que baila acompañada de sus remembranzas. Hay calidez, hay emoción… Suena el teléfono y la magia termina, ¿quién llama? ¿qué dice? La música se distorsiona; aquella melodía placentera se convierte en un sinsentido que da paso a la melancolía y al miedo. Un hombre aparece en escena, luce atormentado. Llega a enfrentarse con su realidad. O ¿es acaso un fantasma?
Los argentinos Lucía Bargados y Damián Sabán se apropiaron del escenario del Teatro Ateneo en Ciudad del Saber el 23 de septiembre de 2026 para la presentación de Bilis negra, parte de la oferta de PRISMA–Festival Internacional de Danza Contemporánea de Panamá. Estamos frente a un escenario que permite ver una sala ambientada en los años sesenta: una poltrona, una mesita con un teléfono, un mueble que hace de librera y en la base superior contiene un televisor. La imagen nos habla del pasado, un pasado que no se quiere ir, al igual que esos recuerdos que en ocasiones dan vida y, en otras, la restan.
El hombre se acerca a ella. Inicialmente se miran con recelo, pero la atracción es imposible de resistir. El deseo los acerca, el miedo hace que se rechacen. Sus movimientos dibujan pasión, miedo, vulnerabilidad, ira. La música acompaña esos estados; va de la calma a lo frenético, jugando con la distorsión y otros efectos de sonido. Se escuchan frases en distintos idiomas, las luces parpadean. El espectador se va cargando de tensión al mismo tiempo que los intérpretes. El teléfono suena… inicialmente ninguno quiere contestarlo. Alguien habla, cuelgan. Tocan la puerta, la paranoia y la angustia los invaden.
Él pierde el control, vuelan muebles, artefactos. Baja la tensión, bajan las luces. La escena queda en semi penumbra, pero unas luces posteriores reflejan en la sala del teatro una gran sombra arrastrando un cuerpo. Él se acerca al televisor y queda absorto en su pantalla. En el fondo, los espectadores podemos observar a través de un video lo que él mira: perturbadoras imágenes de ella.
Bilis negra obtiene su nombre de la teoría de los cuatro humores, propuesta por Hipócrates y basaba en el supuesto de que el cuerpo humano está compuesto por cuatro sustancias básicas y que los equilibrios en sus cantidades determinan la salud del organismo: bilis negra, bilis amarilla, sangre y flema. Galeno completaría esta teoría estableciendo que los desequilibrios en las cantidades de humores tenían una influencia en el modo en el que pensamos, sentimos y actuamos. Una gran cantidad de bilis negra se asocia con un temperamento triste, melancólico sensible y fácil de conmover.
A través de la danza contemporánea, el teatro, la experimentación audiovisual y la narrativa, Emiliano Falcone, Lucía Bargados y Damián Sabán coreografían esta obra conceptualizada y dirigida por Falcone y Bargados, con edición musical de Jiva Velázquez, producción audiovisual de Daniela Escolar, y un diseño de iluminación de Sebastián Viola y Luis Casella que nos lleva a cuestionar qué es realidad, qué es alucinación, qué es recuerdo, qué es añoranza.
Un exceso de bilis negra hace al hombre susceptible, frágil. Él decide tomar las riendas y de raíz acabar con ese recuerdo, o ¿acaso estará acabando con su realidad?


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