LA AUTOPSIA DE UN RECUERDO

Fotos de Raphael Salazar


Trilogy: For Old Times’ Sake, PITT Company (Reino Unido-Suiza) / 22 de septiembre de 2026, Teatro Nacional de Panamá


La obra se presenta como una mirada a la psicología humana. Revela la idiosincrasia de los comportamientos habituales a través de gestos sutiles: una cena, una conversación, una discusión, una conciliación, un vals.


Por Nicole Navarro

            De la oscuridad emerge la luz de una linterna perdida hasta que halla un cuerpo. El cuerpo, inmóvil, se presenta al público entre luces blancas: frío, suspenso. Inicia la disección de un recuerdo como en un cuarto de autopsias. Uno de los intérpretes remueve el enterizo que llevaba el cuerpo de la mujer todavía anónima y nos conduce hacia otra vestimenta, hacia otra época, hacia el tiempo de sus recuerdos.

            El Teatro Nacional de Panamá abrió sus puertas para acoger la obra Trilogy: For Old Times’ Sake de PITT Company, con coreografía de Phoebe Jewitt, la noche del 22 de septiembre de 2026, en el marco de la 15 edición de PRISMA–Festival Internacional de Danza Contemporánea de Panamá. Con sus alfombras rojo carmesí, sus niveles de palcos adornados y aquel característico fresco sobre tela pintado por Roberto Lewis, el recinto se convirtió también en parte de la escena.

            Inicia el recuento. Los intérpretes, cual muñecos de cuerda recién activados, comienzan una secuencia segmentada, a destiempo. Algo parece intentar encenderse. La memoria regresa a gotas. En el escenario, una mesa, dos sillas y tres cuerpos. Emerge un triángulo: alianza, tensión, complicidad y conflicto. Como transportados a una escena de Hitchcock, la inmensa teatralidad de la pieza nos permite pensarnos dentro de un imaginario cinematográfico en blanco y negro: el suspenso en la musicalidad, los tonos grises del vestuario y las voces en rápidos versos que guían y desorientan, como si provinieran de aquellas memorias efímeras. Cautivantes, humeantes y fugaces, las palabras sonaban en los altavoces: “Madness, I provoke… a fixation to accusation… quicksand… a plan… an alibi… suspects… forensic evidence…” (Provoco la locura… una fijación que conduce a la acusación… arenas movedizas… un plan… una coartada… sospechosos… evidencia forense…).

            La obra se presenta como una mirada a la psicología humana. Revela la idiosincrasia de los comportamientos habituales a través de gestos sutiles: una cena, una conversación, una discusión, una conciliación, un vals. Entre luces blancas y escenas de fuerte corporeidad, estos actos cotidianos son llevados más allá de lo habitual. Lina Vervecken, Filippo Gualandris y Senn Hoogwerf despliegan una fisicalidad robusta y precisa: cuerpos que se lanzan, se desplazan y se precipitan con precisión milimétrica. 

            El juego de luces acompaña esa disección de los cuerpos hasta la parte final. Desde el centro del techo, un haz de luz desciende sobre uno de los intérpretes y lo atrapa. Detrás de él, los otros dos, coordinados en una comunión no vista hasta entonces, continúan bailando de espaldas, sin verlo. Los tres cuerpos nunca compartieron la misma mesa; solo las mismas tensiones y, tal vez, un mismo recuerdo. Y él, aislado bajo la luz, como si al final quedara capturado en un acto que no sabemos cuál fue, ni siquiera si ocurrió, pero que exige un final, porque “The circus must end” (El circo debe terminar).











Este blog lo edita 
Salvador Medina Barahona
con el apoyo de





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