CAJA DE RECUERDOS, MONTAÑA RUSA DE EMOCIONES
International School of Panama y Ateneo de Ciudad del Saber, respectivamente
La música acompaña este viaje emocional con precisión. Los valses, valsas en portugués, poco habituales como referencia dentro de la danza contemporánea, resultan particularmente acertados. Evocan otras épocas y aportan una atmósfera de memoria y nostalgia, funcionando además como contrapunto a la fisicalidad de los bailarines. La música nos lleva de la alegría a la tristeza, de la tensión a la esperanza, sin romper la cohesión de la obra.
(ISP)
Por Thyrza M. Guerrero M.
Hay espectáculos que entretienen, otros que conmueven y algunos pocos que consiguen hacer ambas cosas sin subestimar a su público. Fica comigo (Quédate conmigo), pieza original de la plataforma creativa Ateliê do Gesto, de Goiânia, Brasil, pertenece a esta última categoría. Presentada ante aproximadamente 450 estudiantes de tercero, cuarto y quinto grados de primaria en el auditorio del International School of Panama el pasado 23 de septiembre de 2026, demostró que la danza contemporánea puede hablar a los niños desde la inteligencia, la sensibilidad y, sobre todo, la imaginación.
Exponer a nuestros niños al arte desde pequeños no es un lujo, es enseñarles a mirar, sentir, imaginar y entender el mundo con una mente más libre. Fica comigo cumplió ese cometido. No parecía una compañía que intentaba «hacer una obra para niños», sino artistas que confiaban en que ellos podían entrar en un universo poético, comprender sus códigos y dejarse llevar. Y los niños respondieron: permanecieron atentos durante toda la presentación, algo nada sencillo con un público tan joven.
La dramaturgia administra con precisión los tiempos, los cambios de atmósfera y el ritmo. Cada elemento tiene una función: las cajas, los cuerpos, la música, la iluminación y el espacio escénico dialogan constantemente. No hay desperdicio de recursos. Las cajas son, quizás, uno de los mayores aciertos. Contienen recuerdos y funcionan como archivo de la ilusión. Un objeto cotidiano se transforma una y otra vez gracias a la imaginación y destreza de los intérpretes João Gross, Isabel Mamede, Thais Kuwae y Daniel Calvet (coreógrafo y director artístico) que las mueven, acumulan, esconden y transforman con una precisión y agilidad que por momentos recuerdan al lenguaje circense. Lo que parece juego revela una exigencia técnica considerable: convertir el movimiento de un objeto en parte de una coreografía requiere precisión, ensayo y virtuosismo.
La iluminación tampoco se limita a iluminar: narra. Los colores acompañan la evolución emocional de la pieza, pasando de tonos cálidos a fríos. El verde, asociado a la muerte, anuncia uno de los momentos más conmovedores, la posibilidad de perder a un compañero. La desesperación de los personajes se vuelve palpable sin necesidad de explicaciones. La pieza, entonces, no cuenta simplemente una historia para niños. Habla de asuntos universales: el afecto, la pérdida, el miedo a despedirnos y la necesidad de conservar aquello que amamos, aunque sea en nuestros recuerdos.
La música acompaña este viaje emocional con precisión. Los valses, valsas en portugués, poco habituales como referencia dentro de la danza contemporánea, resultan particularmente acertados. Evocan otras épocas y aportan una atmósfera de memoria y nostalgia, funcionando además como contrapunto a la fisicalidad de los bailarines. La música nos lleva de la alegría a la tristeza, de la tensión a la esperanza, sin romper la cohesión de la obra.
Y entonces llega el final.
Cuando parece que la esperanza se ha agotado, una de las cajas contiene un haz de luz. Una imagen sencilla, pero poderosa. Después de la pérdida y la desesperación, aparece la posibilidad de una salida. No hace falta explicarla: la imagen habla por sí sola. Fica comigo dice mucho sin necesidad de explicarlo todo. Salir de esta presentación es hacerlo con la sensación de haber atravesado una verdadera montaña rusa de emociones y con la certeza de que la danza contemporánea no necesita simplificarse para llegar al público infantil. Gracias a PRISMA–Festival Internacional de Danza Contemporánea de Panamá, en su decimoquinta edición, Ateliê do Gêsto presenta Fica comigo fuera de Brasil por primera vez desde su estreno en 2021.
Hay recuerdos, personas y emociones que, aunque pase el tiempo, deciden quedarse con nosotros. Fica comigo es una pieza compleja, poética, técnicamente exigente y emocionalmente profunda que consiguió algo esencial: que 450 niños permanecieran, además de atentos, emocionados y con ganas de seguir mirando.
PARA RECOMENZAR
(Teatro Ateneo)
Por Carolina Figuereido
La puesta termina cuando una de las cajas que fue parte de la escenografía es abierta: abren esa pieza de un gran rompecabezas de memorias que fueron guardadas por toda una vida. Entre papeles voladores, la platea de un público reservado se emociona; y no hay espacio humano para mejor estar en tiempos de crisis que el espacio de las emociones. Momentos previos el elenco de 4 bailarines/actores y dioses del gesto de la compañía brasileña Ateliê do Gesto pateaban el templo que había sido armado para la función de PRISMA–Festival Internacional de Danza Contemporánea de Panamá la noche del 25 de septiembre de 2026. Las luces que se filtraban por los vitrales del templo eran un 3D mapping perfectamente diseñado para transportar desde engranajes a diseños lúdicos, pasando por la expresión de personajes lunáticos y momentos absurdos.
El elenco dio vida y movimiento a payasos, enamorados, muñecos, mujer gigante que flota con paraguas morado, cantores de ópera, y bailarines cansados de tanta danza, que, convirtiendo el cansancio en una de las piezas del acto, «hacían magia». Para mí eso fue innovador, porque no sabía que los bailarines se cansaban. En un territorio donde el público es el ente sagrado y no puede ni soñar con los dolores ni con los chorros de sudor, los bailarines hacen milagros cotidianos para danzar una gran pluralidad de ideas, y quien los observa no puede darse cuenta del agotamiento que llevan dentro. Aquí transformaron el palpitar acelerado del pecho y la respiración cortada en un acto de exageración y gracia, con una sencillez y calidez que se aprecian mucho.
La aparición inicial del personaje principal fue un primer encuentro con alguien que todavía no te gusta pero que sabes te va a enamorar en algún momento de tu vida. Él traía una caja y, explícitamente, una voz guiaba al público en medio de un laberinto-engranaje de piezas de memorias. El primer acto coreográfico entre todos fue un sencillo acto de marionetas convertido en una fantasmagórica ceremonia de gestos que parecían tragarse al espectador; pero mi viaje empezó con la aparición de la música brasileña, que fue migrando desde una milonga en re menor hasta Tim Bernardes, pasando por Yann Tiersen y Nelson Gonçalves.
Lo que pensamos nuestro templo, lo que creímos mágico y sagrado, se desplomó ante nuestros ojos cuando los actores/bailarines en un momento de ira embistieron contra la escenografía perfectamente armada, haciendo caer lejos las cajas y desarticulando esa frontera, ese límite que ya creíamos sólido.
Una última caja está justo adelante en el centro y por primera vez la abren. La música me guía por un adiós a uno de esos preciados recuerdos tan bien guardados mientras volaban papeles hacia el público; a un pequeño pedazo de memoria que es invitado a volar lejos y deshabitar la cabeza de su dueño. Porque para comenzar de nuevo hay que desprenderse de canciones antiguas, de partidas que quedaron inertes en el tiempo, de conversaciones que corren en el eco de sus propios pasos. Para recomenzar hay que dejar ir partes de nuestras memorias y dejar que sean libres allá fuera.

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